Abro una puerta y veo un pasado, donde mi sonrisa era la alegría de muchos, vestida de payaso ascendí al éxito.
Compraban mi sonrisa, pero mis lágrimas
¿Quién las compraba?
Yo era la reina del bulevar 142.
1917 Los Ángeles California.
El cine mudo esta en su apogeo, las luces de la gran ciudad brillan iluminando los sueños de una joven de 19 años.
Me gustaba el lujo, los trajes elegantes con mucho brillo, las joyas, los tocados en el cabello, quería ser como esas bellas actrices del cine.
Cuando Charles me descubrió, me sentí importante, mágica. El me hizo sentir la mujer más bella del mundo. Y era lo que a mi me gustaba, me fascinaba ser admirada.
El me decía: “Mi capullo en flor” decía que el mundo me vería convertirme en una estrella, que muy pronto una nueva flor nacería. Yo, su capullo en flor.
Me presento a sus amigos, gente muy importante, actores, directores, músicos.
Nos visitaban todas las noches, eran fiestas alegres y claro muchas apuestas, no paraban de jugar poker.
Mi primera actuación fue disfrazada de muñeca, una muñeca de trapo. Charles decía que era por esa película nada mas, pronto se acabaría. Yo odiaba ese papel de muñeca de trapo, hacia reír mucho, la gente disfrutaba…pero yo, yo me perdía, se extinguía mi luz.
No me di cuenta como pasaron los años y a los 24 años aun era la muñeca de trapo, aun era una payasa.
El mundo nunca vio mis hermosos ojos, grandes, nostálgicos. Románticos decía mi padre.
Yo me amaba, amaba mi belleza física, pero Charles, Charles le mostró al mundo un capullo de trapo, un maldito disfraz que alegraba sus corazones, arrancaba carcajadas…pero la estrella nunca nació. Yo.
Nadie sabe el misterio que pueden esconder unos hermosos ojos negros, lo que puede quedar oculto en una foto en blanco y negro, el misterio que dejan unas letras.
Una mujer que nunca brillo por su luz propia, por su esencia, se consumió en drogas y alcohol, intentos de suicidios, vivió una miseria interior que la llevo a la muerte.
Compraban mi sonrisa, pero mis lágrimas
¿Quién las compraba?
Yo era la reina del bulevar 142.
1917 Los Ángeles California.
El cine mudo esta en su apogeo, las luces de la gran ciudad brillan iluminando los sueños de una joven de 19 años.
Me gustaba el lujo, los trajes elegantes con mucho brillo, las joyas, los tocados en el cabello, quería ser como esas bellas actrices del cine.
Cuando Charles me descubrió, me sentí importante, mágica. El me hizo sentir la mujer más bella del mundo. Y era lo que a mi me gustaba, me fascinaba ser admirada.
El me decía: “Mi capullo en flor” decía que el mundo me vería convertirme en una estrella, que muy pronto una nueva flor nacería. Yo, su capullo en flor.
Me presento a sus amigos, gente muy importante, actores, directores, músicos.
Nos visitaban todas las noches, eran fiestas alegres y claro muchas apuestas, no paraban de jugar poker.
Mi primera actuación fue disfrazada de muñeca, una muñeca de trapo. Charles decía que era por esa película nada mas, pronto se acabaría. Yo odiaba ese papel de muñeca de trapo, hacia reír mucho, la gente disfrutaba…pero yo, yo me perdía, se extinguía mi luz.
No me di cuenta como pasaron los años y a los 24 años aun era la muñeca de trapo, aun era una payasa.
El mundo nunca vio mis hermosos ojos, grandes, nostálgicos. Románticos decía mi padre.
Yo me amaba, amaba mi belleza física, pero Charles, Charles le mostró al mundo un capullo de trapo, un maldito disfraz que alegraba sus corazones, arrancaba carcajadas…pero la estrella nunca nació. Yo.
Nadie sabe el misterio que pueden esconder unos hermosos ojos negros, lo que puede quedar oculto en una foto en blanco y negro, el misterio que dejan unas letras.
Una mujer que nunca brillo por su luz propia, por su esencia, se consumió en drogas y alcohol, intentos de suicidios, vivió una miseria interior que la llevo a la muerte.
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