viernes, 16 de agosto de 2013

Mariposa

Era un deseo, dominaba el alma, embriagaba los sentidos, aturdiendo la carne, arañando la noche, crispando cerrojos para el encuentro.

No, no me ahogues, no me tomes con fuerza, aun no. Permite que mis sentidos naden a tu encuentro, deja que mi sensualidad dance en tu erotismo, que la excitación venga a mi encuentro. Soy sentido, sensual, mi ser femenil se enciende con la energía que emana de él mismo, y cuando encuentra tu masculinidad es un huracán enardecido.
Aun no mi amor. Hoy quiero que sea especial. Necesito que me comprendas, necesito que observes, como el alma y el cuerpo aman, como se unifica el espíritu y la mente… Y nace la hembra que soy. No soy solo un cuerpo, no soy solo carne que follar, soy el complemento de un todo y hoy quiero que tú seas parte de ese complemento, veras que nos deleitaremos en orgasmos…


Danzaban sus hombros en la alborada. Su vestido blanco caía lentamente. Se manifestaba infinita, entregada, plena.
La gracia de sus manos en movimientos eran perfectas, gacelas ondulantes en la forma. Cuando volteaba, miraba por sobre su hombro, acariciando el mundo con la mirada, luego se contemplaba a si misma, deseándose, amándose. Era el complemento de su mente, cuerpo y alma. Danzaba sobre su principio femenil, no existían cadenas, trancas, miedos. Era libre, sus brazos eran alas que danzaban con el infinito.
Lentamente caía su vestido, como una segunda piel, como la metamorfosis de una mariposa.

Esa mujer se amaba a si misma, amaba su sexo. 

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